¡Castígame si no fracaso!

Beatriz López
Directora de I+D+i
en Cidenet S.A.S.

Históricamente, los países productores de materias primas como Colombia, no suelen generar desarrollo ni industria, ya que no saben cómo consumir su propia producción. Tendemos a mirar hacia países más desarrollados y tratar de imitar sus sistemas económicos sin mucho éxito. Nos preguntamos entonces, ¿cuáles son los ingredientes mágicos de otras sociedades donde aflora la riqueza, la investigación, la producción industrial y la innovación?.

Para tratar de responder a esta pregunta, podemos ver hacia el pasado de esos a los que admiramos, y suele suceder que sus historias de éxito siempre están llenas de fracasos.

¿Es entonces necesario andar por la senda de la derrota para alcanzar las dulces mieles de la victoria?, la estadística nos dice que sí, sin embargo, como lo afirma el periodista argentino Andrés Oppenheimer en su libro ‘Crear o Morir’, Latinoamérica no tiene tolerancia social con el fracaso individual. Según el autor:

“crucificamos al que fracasa y eso se refleja en nuestras leyes, en muchos países te vas a la quiebra y estás jodido durante años y sin embargo, el fracaso es una condición indispensable para llegar al éxito”.

Nuestros medios de comunicación tampoco nos ayudan, se admira sólo a los exitosos y se estigmatiza a los que fracasan. Nuestra sociedad necesita que también se admire a los que triunfan después de fracasar varias veces, y que se premie tanto el triunfo como el fracaso.
Para ilustrar esta situación observemos los comportamientos de sociedades altamente innovadoras.

De acuerdo a Vivek Wadhwa, vicepresidente de innovación de Singularity University, “en Silicon Valley, cuando enumeras tus fracasos es como si estuvieras enumerando tus diplomas universitarios. Todo el mundo aquí entiende que con cada fracaso aprendiste algo, y que por lo tanto eres más sabio que antes.
Hay una cultura muy diferente a la de la mayoría de los países del mundo, y de gran parte de Estados Unidos. En Nueva York, los banqueros van de traje y corbata, y alardean de sus éxitos, reales o imaginarios. En Silicon Valley, los empresarios más ricos y los científicos más prestigiosos andan en jeans o bermudas, y hablan con la mayor naturalidad de sus fracasos. Es otro mundo.

Pasando al terreno corporativo, también hay que entender que sucede con la cultura del aprendizaje.

¿Cuántas compañías celebran el aprendizaje que viene con sus fallas?, ¿Cuántas organizaciones promueven la práctica de aprender a través de pequeños experimentos?. Incluso en nuestras vidas cotidianas, ¿cuántos padres preguntan a sus hijos que aprendieron en la escuela en lugar de que nota obtuvieron?.

Pasando al terreno corporativo, también hay que entender que sucede con la cultura del aprendizaje.
¿Cuántas compañías celebran el aprendizaje que viene con sus fallas?, ¿Cuántas organizaciones promueven la práctica de aprender a través de pequeños experimentos?. Incluso en nuestras vidas cotidianas, ¿cuántos padres preguntan a sus hijos que aprendieron en la escuela en lugar de que nota obtuvieron?.

Muchos gerentes y administradores tienen entre sus objetivos principales eliminar los fallos en sus empresas. Los empleados en general se miden a sí mismos por si cometen o no errores. Toda esta cultura nos lleva a comportamientos donde no se prueban cosas nuevas para evitar el fallo, y es precisamente, en situaciones de incertidumbre y ambigüedad donde residen muchas oportunidades de innovación.

De acuerdo a Edward D. Hess, profesor del Batten Institute University of Virginia Darden School of Business, para crear una cultura de innovación es necesario abrazar el fracaso. Dice también el profesor Hess: “Hemos estudiado a líderes, sistemas y procesos de innovación por más de 17 años. Hemos encontrado que la innovación requiere una mentalidad que rechace el miedo al fracaso y lo reemplace con la alegría de la exploración y el aprendizaje experimental.

También descubrimos que las organizaciones de innovación entienden que las fallas son una necesidad (hasta en un 90% del tiempo) siempre que el aprendizaje provenga de pequeños experimentos de riesgo.” Incluso desde un punto de vista biológico, como se menciona en la revista Scientific American: “Algo interesante le sucede al cerebro cuando comete un error: comienza a recopilar información sobre la experiencia y en realidad se hace más grande a lo largo del escenario de aprendizaje. Mientras el cerebro vuelve a su tamaño original después de la experiencia de aprendizaje, retiene nuevas vías neuronales al tomar nueva información, compilando las conclusiones clave de prueba y error.

Cometer errores madura el cerebro, lo que resulta en sinapsis más eficientes y neuronas fundamentalmente alteradas. En resumen, el fracaso puede hacerte más inteligente.”

¿Qué hacer entonces para mejorar nuestros procesos de aprendizaje y generar innovación en los entornos corporativos?

Nuestra propuesta desde Cidenet:

  • El liderazgo debe alentar los errores: esto les da a los empleados la confianza de probar cosas nuevas y no sentirse mal por ello si no funciona una vez.
  • Fomentar el “fallar rápido y barato”: Si se va a probar algo nuevo (y posiblemente fracasar), se debe hacer rápidamente. Eso no significa necesariamente ideas rápidas, sino más bien intentar algo nuevo en su forma mínima viable antes de seguir adelante con un gran desarrollo. En lugar de crear un manual de 50 páginas, por ejemplo, un empleado podría crear un esquema y pedir opiniones para ver si está en el camino correcto. De esa manera, si termina siendo un fracaso, se consumen menos recursos y el empleado puede pasar a una solución diferente rápidamente.

Finalmente citemos al famosísimo emprendedor Henry Ford:

“El fracaso es simplemente una oportunidad para comenzar de nuevo, esta vez de manera más inteligente.”